Desde hace miles de años, el diamante fascina al mundo por su pureza, brillo y rareza. En 1955 apareció una alternativa: el diamante sintético, también llamado diamante de laboratorio.
Al principio, este método se utilizaba principalmente con fines industriales. Hubo que esperar hasta los años 1990/2000 para que los diamantes sintéticos comenzaran a aparecer en el ámbito de la joyería.
Aunque a primera vista son prácticamente idénticos, en este artículo veremos las diferencias que pueden existir entre los diamantes naturales y los sintéticos.

¿Cómo se forman?
Los diamantes naturales se forman a lo largo de miles de millones de años, entre 150 y 200 km bajo tierra, y requieren calor y presión extremos. ¡Por eso esta piedra preciosa es tan rara!
Los diamantes sintéticos, por su parte, se forman en laboratorios que recrean las condiciones adecuadas para su aparición. Existen dos procesos principales:
- La técnica HPHT (alta presión, alta temperatura), que consiste en mezclar carbono y metales y someterlos a una presión y un calor extremos.
La técnica CVD (deposición química en fase vapor), que consiste en hacer crecer un diamante en capas sucesivas a partir de una muestra de diamante preexistente.
Los diamantes de laboratorio crecen en unas 2 a 4 semanas.

Características físicas y visuales
Distinguir entre un diamante natural y uno sintético es prácticamente imposible a simple vista y requiere material profesional.
Su composición química es exactamente la misma: carbono puro cristalizado, con una dureza de 10 en la escala de Mohs (la más alta). Se trata exactamente del mismo material.
Un diamante sintético bien tallado es casi idéntico, su brillo, fuego, índice de refracción y dispersión son los mismos.
Para poder diferenciarlos, los gemólogos buscan inclusiones.
Los diamantes naturales presentan inclusiones minerales y trazas de crecimiento irregulares, mientras que los diamantes de laboratorio tienen inclusiones metálicas y trazas de crecimiento mucho más regulares.

El valor y la autenticidad
El concepto de valor y autenticidad varía en función de las expectativas y los criterios de cada persona. Un diamante natural es el resultado de un proceso geológico antiguo y limitado, lo que influye en su rareza y su precio en el mercado.
Un diamante sintético, creado en laboratorio, presenta las mismas características físicas y ópticas, pero su producción controlada tiene un impacto diferente en su posicionamiento económico.
En el plano medioambiental y ético, los enfoques también difieren.
El diamante sintético ofrece una trazabilidad directa y documentada desde su fabricación. Por su parte, los diamantes naturales se inscriben en cadenas de suministro que hoy en día están reguladas por normativas internacionales y dispositivos de trazabilidad reforzados.

La elección personal
Más allá de las propiedades gemológicas, la elección entre diamantes naturales y sintéticos se basa en múltiples consideraciones personales: origen, rareza, trazabilidad, impacto medioambiental y significado personal atribuido a la piedra.
Algunas personas prefieren los diamantes naturales por su rareza, autenticidad e historia, mientras que otras prefieren una piedra con buena trazabilidad y un menor impacto medioambiental.