Una atracción precoz por el arte y el gesto

Desde pequeña, siempre me han atraído las tareas manuales y artísticas.

Muy pronto me apasioné por el dibujo, en particular por el retrato realista, que practico desde los 12 años.

Más tarde, la fotografía vino a complementar el dibujo.

El descubrimiento de la joyería

A los 16 años descubrí la joyería.

Fue un encuentro inmediato y evidente: un oficio en el que el arte, la técnica y la materia se funden en uno.

El trabajo del metal, la puesta en valor de las piedras, la rigurosidad del gesto y la paciencia que exige resuenan profundamente con lo que busco.

Muy pronto, hice unas prácticas con un artesano y comprendí que era este oficio el que quería ejercer toda mi vida.

Formarse en un oficio exigente

Al terminar el instituto, cursé tres años de estudios en la Haute École de Joaillerie de París.

Donde aprendí el trabajo con el pasador, los modelos de cera, el modelado en 3D y la gouache.

Esos años confirmaron mi profundo apego al saber hacer joyero, a la precisión del trabajo con el pasador y a la transmisión de técnicas ancestrales.

La experiencia de las grandes casas de joyería

Al finalizar mi formación, trabajé en un taller que subcontrataba principalmente para Cartier. Esta experiencia me aportó rigor, un ritmo de trabajo sostenido y una comprensión profunda de las exigencias de la alta joyería.

Después me incorporé a VanCleef & Arpels, donde trabajé en la restauración de piezas históricas de la casa.

Allí aprendí a intervenir en todo tipo de joyas, a comprender su construcción, a dominar técnicas antiguas que hoy en día rara vez se practican y a trabajar con piezas de gran valor, a veces de varios millones de euros.

La necesidad de crear de otra manera

Estas experiencias fueron fundamentales.

Sin embargo, poco a poco se fue instalando una carencia: la de la creación completa, la de la joya pensada, diseñada y fabricada de principio a fin.

En las empresas, la joyería moderna se basa en gran medida en la fabricación en cadena y la industrialización, como se puede ver en esta foto.

Aunque estos métodos tienen su utilidad, se alejan del trabajo artesanal que tanto aprecio.

Lo que deseo es una joya elaborada artesanalmente, sin procesos industriales, en la que cada pieza sea única, pensada para una persona y con una historia real.

Hoy en día: joyería artesanal y a medida

A los 23 años, decidí dedicarme por completo a esta visión del oficio.

Decidí establecerme por mi cuenta para recuperar una joyería artesanal, exigente y humana.

Cada joya que realizo está diseñada y fabricada a mano, respetando las técnicas tradicionales, con el tiempo y la atención que se merece.

Mi objetivo es sencillo: crear piezas únicas, duraderas y profundamente personales, lejos de cualquier producción estandarizada.

Fabricación bajo demanda

Las piezas se fabrican una vez que usted realiza su pedido.

Cada joya de mi colección se fabrica con el mismo cuidado que una creación a medida.

El trabajo a medida, en el centro de mi enfoque

El trabajo a medida es una constante en mi trabajo.

Cada proyecto nace de un intercambio privilegiado, de una escucha atenta y de un diálogo en torno a sus deseos y su historia.